Giovanni Hidalgo

África y América en dos manos

El día en que mataron a John F. Kennedy(1) el pequeño Giovanni nacía en Puerto Rico,
rodeado por el cariño familiar y los tambores, quien aprendió a hablar con sus manos antes que con su voz.
Debutó profesionalmente a los 8 años. Andando el tiempo, su pasión y su inagotable creatividad revolucionarían la rítmica de la música afro caribeña y el jazz.
Fue profesor durante cuatro años en la Facultad de Música de Berklee, en Boston.
La crítica especializada y sus colegas lo reconocen como el mejor percusionista del mundo.
En su arte se expresa una perfecta fusión de tradiciones y culturas campesina y urbana de dos continentes.




Entrevista realizada por:
Rubén Yizmeyián
21 de octubre de 2005











-Hace unos años, en una entrevista, manifestaste: “Yo toco lo que siento, y me despierto sintiéndome diferente cada día”. ¿Eso significa que cada día vas a expresar musicalmente algo distinto?
-Sí, la naturaleza hace que todos nos despertemos cada día bien diferentes. Yo me levanto temprano a escribir música, acompaño a mi hijo Ian Manuel en sus tareas y estudios. Hago mis diligencias y al volver a casa escucho lo que escribí, y cuando me siento en el mood(2) comienzo a practicar, a veces dos horas, otras veces cuatro y hasta seis horas. Y lo hago casi todos los días, no todos, porque hay que darle un descanso a la mente y al cuerpo.

-Es decir que el aprendizaje y la práctica son constantes.
-Constantes, tanto física como mentalmente. La visualización mental es lo que nos ayuda a crear, a liberar la fantasía, la imaginación.

-A la hora de tocar, ¿en qué orden se ubican tus manos, tu mente y tu corazón?
-Uno se acomoda en el consciente, en el espíritu, y de ahí pa´lante viajamos hasta la China. El amor, la música y la fe para mí son una sola cosa. Es esa energía que nos levanta y que nos pone el día a amar nuestra pasión. Y otra cosa que nos ayuda es la risa, el remedio infalible. Pero la música es lo que nos salva.

-¿Te gusta enseñar?
-Sí. Actualmente estoy solamente con mis clínicas privadas y con las compañías Latin Percussion (n.d.r.: con la que tiene varios modelos de instrumentos con la marca LP/Giovanni) y Zildjian, pero me gusta darle clases a chamaquitos de todas las edades y también a personas mayores. Dios nos envía un regalo en la vida y siempre hay una transmisión mental y espiritual; uno aprende enseñando y no importa la edad. Y eso me transporta al pasado y también me brinda una visualización futurística para obligar a la nueva generación a que sea consistente, a que sea perseverante, ¿me sigues?

-Claro. Y eso que en alguna medida tú heredaste del abuelo “Nando” y de tu papá José,(3) ¿hoy puede continuarlo tu hijo?
-Mira, él ya va para los 17 años y vive conmigo, desde la barriga de su mamá me escuchaba tocar la conga. Yo le bajaba la afinación hasta Do central, Sol o Re abajo para ampliar la ola del sonido, de la vibración, y durante su gestación recibió eso siempre. A las dos semanas de haber nacido cuando me escuchaba tocar ya alzaba la cabecita y de momentos se reía. ¿Y sabes una cosa, Rubén? A mi hijo yo lo soñé. Antes que naciera le expliqué a su mamá: mire, va a ser un varón y va a ser así, de esta manera. Y cuando nació me quedé perplejo porque así mismito fue; honestamente, soñado. Hoy que ya está grande nos toca la segunda fase, la del colegio, la universidad. Ian Manuel es un muchacho brillante y bien alegre, y a todo aquel que puede le enseña, y como tantos otros va a dar el mensaje y va a expandirlo.

-Sé de tu modestia, pero ¿qué sientes cuando los entendidos y la mayoría de tus colegas dicen que eres el mejor percusionista?
-¡Qué cosa, verdad! Habemos millones de criaturas en esta tierra con diferentes dones. Yo trato de hacer lo mejor que puedo en mi instrumento. Practico y estudio porque siento responsabilidad, sé que la nueva generación viene escuchándome, viendo mis vídeos, y no soy el único, porque hay grandes congueros y percusionistas. Pero en esa gigante diversidad que hay en la vida, enseñar y aprender es un ciclo infinito que va unido. Entonces, es imposible ser el mejor del mundo.

-¿Un buen percusionista nace con la clave? ¿Cuánto se trae y cuánto se desarrolla?
-Es que ni tú ni yo podemos responder esa pregunta. Nosotros podemos tener una perspectiva, especular algo y decir que, a base de la práctica (...) pero la clave depende de los dones, algunos la tienen, otros la tienen un poquito y otros no la tienen.

-Como amante de esta música, siendo periodista y discjockey, detecto la clave fácilmente y conozco el gusto del bailador, sin embargo no tengo habilidad para bailar ni para la ejecución.
-Pero ahí mismito ya tienes una ventaja también, puedes verlo de otra manera, lo sientes y te encantas. No lo puedes ejecutar pero lo aprendes mentalmente y puedes crear en otras áreas. Y como te digo, estamos al frente de una súper pantalla, una película donde tenemos mucho que escoger en base a la diversidad existente. Y eso es algo natural, “That goes beyond our knowledge” (n.d.r.: que en español significa: “Va más allá de nuestro conocimiento”). En mi caso me gusta practicar, y espero llegar a mis 80 años y seguir practicando. Te confieso algo, cuando estoy de gira practico menos pero cuando tengo oportunidad duermo con mi conga, ¿sabes? Pongo mi conguita, le echo la patita por encima y duermo con ella abrazado. Y no bromeo con eso porque ese es el instrumento que nos brinda el pan; si eres un violinista, o eres un flautista, cómo no vas a dormir con tu instrumento.

-¿Cuánta religión hay en ti?
-Soy católico, y estoy en la religión Yoruba, también.

-¿Podrías tocar los tambores Batá(4) si no estuvieras en la religión Yoruba?
-Sí, siempre y cuando uno se adoctrine, lea y siga las normas se pueden tocar. Por ejemplo, hay dos clases de tambores, los batá abericulá, que son festivos y no religiosos, con los que todo el mundo puede guarachar, y los batá de fundamento, donde también se guarachea pero con más rectitud, siguiendo ciertas normas. Pero en materia de religión yo leo la Biblia, estudié la religión Bantú, me gusta el Budismo, el Yoga, el Tai Chi, todo arte marcial es importante. La música, el deporte son también una sola cosa porque ahí trabaja tu sistema cardiovascular y todo tu cuerpo buscando una armonía. Y me voy a la comida, un pescado al vapor, con un poquito de yautía y malanga, una serenata de bacalao, una sierra al escabeche, cositas así, ¿me entiendes?, comer sano, buscando siempre la armonía y el buen gusto. Claro, de vez en cuando pues nos comemos nuestro jamoncito, nuestras patas de vaca o patitas de cerdo, pero la mayor parte debe ser con un pollito, si es al horno o las brasas mucho mejor.

-Se percibe que en la cocina “metes mano” también...
-Sí, me gusta el arte culinario, ese bello y extenso mundo de la gastronomía. Y cocino a ojo, al estilo de mi abuela y mi mamá, aunque algunas cosas las apunto.

-¿Con qué plato agasajarías a un amigo?
-¡Uah, men!, es que hay muchos pero me encanta el bistec con cebolla, con su salsita, bien chévere, y una raja de aguacate, con el arrocito blanco, papas fritas y amarillo (n.d.r.: plátano maduro) frito, eso es único.

-¿Cómo le surge a tu papá el mote de Mañengue?
-Es como un diminutivo de origen cubano o puertorriqueño. Mi abuela Luisa llamaba a mi papá “ñeñe, ven acá”, o pedía, “llámate a ñeñe”. Y Mañengue viene de los chiquititos y así le quedó a mi papá todo el tiempo, y es único. De ahí me quedó a mi Mañenguito, y espero que eso siga hasta los tataranietos de mis tataranietos.

-¿Qué significó Batacumbele(5) en tu vida musical?
-Increíble, una gran experiencia, esos son mis hermanos. Nosotros innovamos y cambiamos toda la estructura ritmática de lo que se estaba tocando en Puerto Rico. Fusionamos jazz con los tambores africanos, ritos santeros cubanos, y ritmos tradicionales de nuestra islita, como la bomba, la plena y la música jíbara. El grupo lo creamos en 1981 junto a Eric Figueroa como director musical y pianista, y Eddie “Guagua” Rivera como bajista, pero la revolución partió de Ángel “Cachete” Maldonado, Anthony Carrillo y de mí, y todavía seguimos metiendo caña.

-Si decimos que Batacumbele fue tu consagración, ¿Dizzy Gillespie fue tu postgrado?
-Mira, la mayoría de los directores que tuve pueden ser mis abuelos. Creo que mi postgrado lo obtuve en 1988 con la Orquesta de Jazz de las Naciones Unidas dirigida por Dizzy Gillespie –una súper escuela– y con Art Blakey & The Jazz Messengers. Por recomendación de Paquito D´Rivera entré con Gillespie, y le agradezco eso. Nunca me imaginé estar con esas personas, que no son sólo directores, estuve con los creadores del Be Bop. Y si venimos a ver cuando entré con Tito Puente & The Golden Latin Jazz All Stars, ¡Alabao!, con ese señor fue el acabose.

-Tito Puente fue quien reivindicó a los percusionistas, y creo que tú has elevado el concepto de quienes tocan los tambores a una categoría superior, ¿cómo definirías a Tito Puente?
-Bueno, la materia se fue pero su espíritu sigue entre nosotros. El señor Ernesto Antonio Puente Ortiz fue una persona muy divertida pero muy estricta, siempre hizo su trabajo con una fuerza y una magnitud corporal y espiritual increíble. Chano Pozo fue el primero que cruzó y trajo esto acá a Estados Unidos, pero Tito Puente fue quien le brindó la oportunidad y abrió la puerta para que entraran todos los compañeros de su época: Mongo Santamaría, Armando Perazza, Cándido Camero, Carlos "Patato" Valdez, Willie Bobo, Francisco Aguabella, Julito Collazo, "Tata" Güines, José Luis “Changuito” Quintana y su papá Pedrito Quintana, Los Papines, Pello el Afrokan, Ray Barretto, otro grande que ha dejado una crema bien bonita, Rafael Cortijo, Maninín, Martín Quiñones, José Mangual, Celso Clemente, y ya estamos hablando de los pioneros y la segunda generación, Eddie Montalvo, Johnny Rodríguez, Cachete Maldonado, Eladio Pérez, Orestes Vilató, Nicky Marrero, yo mismo, y varios negros americanos como Bill Fitch, Don Alias, Ralph MacDonald. Si olvidé alguno, que me excusen.

-Hagamos un rápido repaso de tu carrera.
-Nací el 22 de noviembre de 1963, el mismo día que mataron a John Kennedy, y estoy tocando desde los 3 años, pero como profesional debuté a los 8 años. Mis comienzos formales fueron en 1975 con Mario Ortiz, trompetista puertorriqueño. Dos años después seguí con Luigi Texidor, ex cantante de la Sonora Ponceña, con Charlie Palmieri, el gigante de las blancas y las negras, y también como ser humano, esa fue mi escuela musical. Después viene Batacumbele en 1981, luego Eddie Palmieri –hermano menor de Charlie–, para mí el más innovador de la música latina. Luego, más adentrado en el jazz, estoy con Paquito D´Rivera y después con Dave Valentin. Y llega el tiempo con Tito Puente. A mediados de 1989 armo mi propio grupo bajo la dirección de Tommy Villarini y grabo mi primer disco: “Villa Hidalgo”, en 1992, para Messidor, con Dizzy y Paquito como invitados especiales. A partir de 1993 con el sello Tropijazz de Ralph Mercado grabo “Worldwide”, “Time Shifter”, “Hands of Rhythm” –nominado al Grammy en la categoría Mejor Grabación de Jazz Latino en 1997– y publicamos “Greatest Hits”. En 2000 grabamos “Conga Kings” con "Patato" Valdez y Cándido Camero, y en 2001 “Jazz Descargas”. Tengo varios vídeos de enseñanza como solista, uno con Changuito y otro con el baterista cubano Horacio Hernández. Y he tocado con infinidad de músicos, Hilton Ruiz, Michel Camilo, Arturo Sandoval, Humberto Ramírez, Gonzalo Rubalcaba, Zakir Hussain, Airto Moreira, Juan Luis Guerra, Ricardo Arjona, Diego El Cigala, Paul Simon, Freddy Hubbard, Mickey Hart, y hasta he tocado rock con Jack Bruce, del famoso grupo británico Cream.

-¿Qué músicos integrarían tu selección para tocar salsa-jazz?
-Trataría que estuvieran músicos que tocaron con Puente, Tito Rodríguez, Machito, con cantantes de la vieja guardia y de la nueva onda. Hace como 10 años que trato de hacer eso. Estoy esperando la compañía y el productor más grande que tenga fe en mí y en mi team, donde podamos ensayar por lo menos un mes para después meternos al estudio a grabar. Y algún día lo haré, date por seguro.

-¿Al piano "Pappo" Lucca?
-Sí, olvídate de eso, el don de músico y de ser humano de ese señor es tremendo; "Pappo" en el piano, y en el bongó Roberto Roena –él nos llevó a mí y a Celso Clemente Jr. a los 9 años de edad a tocar con su banda al Coliseo Roberto Clemente, ¡qué increíble!–. Y como cantantes me llevaría a Justo Betancourt, Ismael Quintana, Cheo Feliciano, Adalberto Santiago, Ismael Miranda, y de la nueva generación a Luisito Carrión, Wichi Camacho, y de Cuba a Isaac Delgado y los nuevos cantantes de la orquesta de Orlando “Maraca” Valle. Sería la banda de mis sueños, buena selección y mucha diversidad.

-En 1997, en el SOB´s de Nueva York, me presentaste a Changuito Quintana llegado ese día de Cuba, y me dijiste: “Este es mi papá”. Ray Barreto y su orquesta era el show esa noche y tocaron juntos por vez primera, Barreto en las congas, Chango en los timbales y tú en el bongó. Lo viví desde la tarima y para mí fue inolvidable, ¿lo recuerdas?
-Sí, como no. Changuito es mayor que yo y es como mi padre. Una vez él me dijo: “Compadre, yo no tengo que decirte nada. Yo estudio tus cositas, esto, esto y esto”, y me quedé atónito. Y yo le dije: “Yo te escuché hacer esto, esto, y esto, hago esto de esta manera y tú lo haces de esta otra forma”. Y él me preguntó: “¿Cómo se hace esto?”, y le respondí: “Tú sabes eso, es que tú lo haces de una forma y yo lo hago de otra”. A él le gusta mi tumbao y a mí me gusta el de él, y así aprendimos los dos. Muchas de esas cosas las aprendí con mi papá "Mañengue", con "Patato" Valdez y con "Tata" Güines, antes de ir a Cuba, y sin yo pedírselos. Pero mi encuentro con Changuito en Cuba –Cachete Maldonado nos presentó– dio las razones de por qué de niñito practicaba en mi casa con un barrilito y por qué encaré esta profesión.

-Los uruguayos vamos a tener la posibilidad de compartir tu talento muy pronto...
-Anthony Carrillo, que estuvo a fines de los años setenta por allí, me hablaba mucho de Uruguay. Y cuando conocí en Japón a Hugo Fattoruso, gran maestro y ser humano, con quien hicimos clínicas en escuelas con niños, me nutrí bastante de Uruguay y sus tambores. En una ocasión estando, en mi habitación, escribí un tema simple y le pregunté: “Maestro, qué piensa usted de esto”, y él me lo pidió para hacer el arreglo. No se imaginan el honor de poder tocar con Hugo Fattoruso, su hijo Francisco y su hermano Osvaldo en Montevideo. Al señor Rubén Rada, mis respetos también y un abrazo. Cuando llegue allí y cuando llegue al evento se va a plasmar una amalgama de una fuerte energía y una vibración tan bella que seguramente la clínica será un bacilón.

-Acabas de grabar un nuevo álbum, ¿qué podemos conocer previo a su salida?
-Mira, mi próximo disco va a ser muy folklórico, librado a la imaginación y sentimiento de Giovanni Hidalgo. Hay composiciones mías, otras en coautoría con músicos míos, hay arreglos míos, uno de Hugo Fattoruso, y otros arreglos que hice durante las sesiones de grabación. En el número “Astral Wings” de mi composición está el maestro Hugo Fattoruso en los teclados. Y un par de anécdotas: después que grabé las congas busqué en el estudio y no había güiro; cogí una botellita de plástico que tenía esas líneas gordas marcadas, cogí un lápiz, le puse agua hasta la mitad para que me diera un tono macho y grabé el güiro así. La gente que participó en la grabación quedó fascinada con el sonido del “güiro” sin saber que eso era una botella de agua. Llegué un día antes de la grabación y buscaba unos shakers pequeños y tampoco había, entonces busqué dos cassettes viejos que cuando los meneas suenan como, chiqui, chiqui, chiqui, y esos fueron los shakers en la grabación. Sé que va a gustar y tengo un chorro de invitados, hay mucha diversidad y es lo que quiero sacar ahora para el mundo entero. Lo hice todo solo hasta que me sacié, y recién ahí llamé a todos los demás percusionistas, entre ellos otro uruguayo, Edgardo Cambón. Él me contó que tenía unos tambores de candombe en su casa, y le dije: tráigase eso. Y se trajo el chico, el piano y el repique. Tenemos que seguir evolucionando esos instrumentos de ustedes con la música que tenemos aquí y allá.

(1) 22 de noviembre de 1963.
(2) Momento de inspiración, con el mejor ánimo.
(3) José “Mañengue” Hidalgo, conguero de la orquesta de Richie Ray y Bobby Cruz, y el primero de la agrupación Puerto Rico All Stars. Hoy toca en el septeto de Giovanni.
(4) Los tambores batá –Iyá, el mayor, Itótele, el mediano y Kónkolo, el más pequeño– están hechos de un madero de cedro que se ahueca y toma forma de reloj de arena, en cuyos extremos se estira el parche elaborado con cuero de chivo macho.
(5) En la lengua Yoruba significa arrodillarse ante el tambor.